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martes, 3 de septiembre de 2013

Conviértete de supervisor a facilitador

Tener un equipo de trabajo a tu cargo no sólo significa ostentar una posición más alta en el organigrama, te convierte en el responsable de los resultados que este grupo de personas genere para la empresa, de su desarrollo como equipo y de ayudarlo a crecer profesionalmente.

Durante mucho tiempo, esta labor fue llevada a cabo por un supervisor; sin embargo, las organizaciones actuales necesitan personas al frente de los equipos de trabajo, cuya labor vaya más allá de evaluar el desempeño de sus colaboradores. Nace así la figura del facilitador, encargado de un grupo de personas al que diariamente lidera, escucha, entrena, guía, asesora y evalúa.
Raúl Valerio Nebradt, socio-consultor en
Relaciones Laborales y Asociados, explica que un supervisor tradicional vigila y se encarga de los procesos operativos, da órdenes para que se cumplan sus instrucciones, elabora reportes, identifica errores, retroalimenta sobre cuestiones personales y no sobre procesos; en resumen, se preocupa más por la tarea que la relación con su equipo. 

“Mientras, el facilitador trabaja junto con sus colaboradores para detectar desviaciones de la operación, identifica fortalezas de su gente para aprovechar el potencial 100%, da la directriz para que sus colaboradores desempeñen su trabajo con iniciativa, elabora estadísticas e indicadores de los procesos para monitorear la productividad, evalúa el desempeño individual y les da retroalimentación positiva”, puntualiza Valerio Nebradt. 

La importancia de contar con un facilitador dentro de las empresas radica en que está capacitado para entender las necesidades, los motivadores e intereses de sus colaboradores y por ende, logrará una mejor productividad y calidad en su área de trabajo. Esto se debe a que buscan desarrollar las competencias para el manejo y aplicación de las herramientas administrativas y del comportamiento humano.

Equipo

Entre las funciones de un facilitador se encuentra estimular a sus colaboradores para que se sientan comprometidos con la organización, es decir, motivarlos constantemente para seguir aumentando la calidad de su trabajo.

Sin embargo, motivar a alguien exige más que palabras de aliento, es necesario trabar una estrecha relación de comunicación con cada uno de los integrantes del equipo, pues si inspiras confianza y conoces las necesidades personales y profesionales de tu equipo, puedes buscar formas de satisfacerlos y esto hará que los empleados sientan que son tomados en cuenta y con ello pongan mayor empeño en el trabajo que realizan porque sabrán que su esfuerzo es realmente valorado. 

“Recordemos que la motivación es intrínseca, y que para que una persona esté motivada, debemos conocer cuáles son los motivos que la mueven, sus valores, sus necesidades y qué objetivos tiene. Una vez que el facilitador los conoce y ha trabajado con ellos, deberá alinearlos a los objetivos de la organización para que el colaborador mejore por sí mismo sus resultados”, comenta Raúl Valerio.

Al frente de los negocios
En el terreno de las pequeñas y medianas empresas (pymes), donde es común que el dueño del negocio sea el encargado del equipo completo de trabajo, la visión del facilitador cobra especial importancia, pues en muchos casos persiste la visión de que “el que paga manda”, trabajando como un supervisor y no como un facilitador.

En opinión de Raúl Valerio, un empresario puede y debe trabajar para convertirse en un facilitador si quiere mejorar la productividad, la calidad, el ambiente laboral y sobre todo el trato hacia los clientes externos de su negocio.

El primer paso es cobrar conciencia de que está trabajando con personas, identificar sus áreas de oportunidad y fortalezas para apoyarlos en su desempeño.
Así se crea un círculo virtuoso en el que los empleados trabajarán mejor para entregar resultados positivos para la organización. 

10 consejos prácticos para dejar de ser un supervisor tradicional
1. Demuestra interés genuino por tu gente y elimina los signos de poder.
2. Identifica las cualidades de cada uno de tus colaboradores y capitalízalas.  
3. Planifica tus actividades conforme a las necesidades y recursos disponibles de la empresa.
4. Predica con el ejemplo en actitudes y colaboración, sin ponerte en un pedestal y evita hablar como un experto.
5. Propicia la generación de nuevas ideas e intervén sólo cuando sea necesario.
6. Desarrolla las habilidades de tus colaboradores para que al menos uno de ellos pueda ser tu posible sucesor en el corto plazo.
7. Fija prioridades 
y dáselas a conocer.
8. Establece claramente los objetivos y las métricas con las que evaluarás sus resultados.  
9. Revisa periódicamente los avances del trabajo y compáralos con los objetivos planteados para corregir las desviaciones a tiempo.
10. Escucha la opinión de tu gente cuando aporte valor a los procesos del negocio y permítele tomar decisiones.
Fuente: El Empresario.

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