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martes, 20 de agosto de 2013

Los valores que nos enseñó la crisis

Cuando en el 2.008 ya teníamos claro que estábamos inmersos en una auténtica crisis económica aparecían las dudas relativas a la duración e intensidad de la misma así como cuáles deberían ser los comportamientos a adoptar. La anterior crisis había sucedido hacia 15 años y era difícil encontrar similitudes que nos aportaran soluciones por correlación en la navegación de la nueva crisis, ¿Por qué?. 
 
Primero porque después de quince años las organizaciones, en un porcentaje muy elevado, tenían una nueva generación de directivos, quizás más preparados académicamente (masters, internacionalización,…) pero neófitos en la gestión de crisis, neófitos en la navegación con aguas turbulentas, neófitos en la incertidumbre de las proyecciones económicas. Esta generación se encontraba ante el reto de “doctorarse” en un escenario hasta ahora no contemplado.
 
Segundo, después de quince años los escenarios sociales, culturales y tecnológicos habían cambiado radicalmente y ello, sin duda alguna, condicionaba cualquier similitud. Mientras que en 1.993 no había telefónica móvil, usábamos Windows 3.1, las comunicaciones eran con módems analógicos, el software empresarial era solo para la ayuda de la administración y solo para entornos departamentales, el hardware de sobremesa, internet como lo entendemos ahora no existía,… 
 
En el 2.008 aparecen los primeros smartphone, las comunicaciones lo son por ADSL o por 3G, el software empresarial incorpora capas de gestión y de ayuda a la dirección funcional, las comunicaciones acercan una globalidad entendida digitalmente, aparecen las redes sociales, internet pasa a influir en el mundo ya no solo económico sino social, educativo, tecnológico, cultural, apareciendo una nueva generación digital que obliga a entender las cosas de otra manera e invitando al resto de humanos a convertirse en digitales adoptados. En conclusión en estos 15 años sucedieron muchas cosas que constataban una velocidad de cambio incrementada exponencialmente, con ciclos de producto cada más reducidos y con tiempos de adopción casi instantáneos.
 
Está siendo una crisis con una intensidad y duración de dimensiones no reconocidas anteriormente, en escenarios económicos, sociales y tecnológicos cambiantes e inéditos y con el componente de las personas intentando adaptarse a una situación absolutamente sorpresiva y con muchísimos daños colaterales que condicionaran el futuro global. Más todavía, creo firmemente que el fin de la crisis no existirá como retorno a los años “felices” sino como inicio a un nuevo orden económico, social,… Creo que la crisis sumada a “todo lo digital” está fraguando un nuevo modelo en todos los órdenes.
 
Dirigentes, estrategas, consultores,… tienen complicado su papel de visionarios de futuro puesto que nos adentramos en escenarios totalmente nuevos y en ocasiones incompresibles con los parámetros de conocimiento tradicionales. Es por ello, que frente a estas incertidumbres de futuro uno no tiene por más que recurrir a la creencia en las personas y sus valores individuales, sociales y profesionales. De hecho son estos valores que como condiciones necesarias y no suficientes nos están permitiendo navegar en este nuevo contexto y que seguirán siendo determinantes en el futuro. Si los tuviera que enumerar serian:
 
Agilidad
 
Este es el valor que más me seduce puesto que es el asociado al instinto de supervivencia y superación. Cuando nuestro entorno cambia, la velocidad en detectar el cambio, interpretarlo y actuar puede ser la diferencia entre “vivir” o “morir”. Darwin de alguna manera lo postula diciendo que la supervivencia de las especias está en su capacidad de adaptación. En este periodo de crisis quien creyó de manera pasiva que solo era un socavón en la velocidad normal de crucero seguro que fue víctima de su temeridad. Vivir la crisis con un sentimiento de cambio, de evolución, de interpretación continua es el mejor seguro para la continuidad del viaje.
 
En el futuro este valor no dejara de tener su relevancia ya que en el futuro la palabra estabilidad no existirá y la revisión continua deberá ser permanente. Las organizaciones y las personas ágiles en adoptar los nuevos parámetros que vayan surgiendo serán los que marcaran el ritmo de las tendencias económicas, sociales, tecnológicas, culturales,… y será ello lo que proporcione ventajas competitivas determinantes.
 
Fortaleza
 
Hablaría de fortaleza en el sentido de capacidad o cualidad de afrontar grandes retos. Las organizaciones igual que los individuos deben tener y procurar la energía necesaria para soportar las adversidades y afrontar los desafíos que la cotidianidad nos presenta. La fortaleza se practica, se entrena, se atesora y finalmente se recurre a ella como si de un capital se tratara.
 
La fortaleza financiera, emocional, creativa, humana,… es lo que marca músculo entre organizaciones e individuos y en el futuro la fortaleza practicada será un gran impulso en el nuevo orden. Pero cuidado con cultivar la fuerza bruta estoy pensando en una fuerza elástica, ágil, fibrosa acorde a los nuevos requerimientos.
 
Laboriosidad
 
En estos momentos las organizaciones e individuos que perviven han tenido que recuperar un valor que tengo la sensación se había olvidado un poco y es el trabajo, el trabajo duro, el trabajo intenso, el trabajo de una hora más que mi “competidor”.
 
 La cantidad también ha tomado su importancia y es el esfuerzo cuantitativo, reiterativo, constante que debe integrarse en la cultura y modo de hacer de estos momentos y por supuesto de los futuros.
 
 La competitividad en el futuro también estará asociada al trabajo que será el comodín que cualquier persona u organización tendrá entre sus manos para llegar al objetivo cuando no lo consigue con otros atributos.
 
Fuente: Blog Sage.

 

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