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martes, 19 de febrero de 2013

Préstamos participativos, y el ABC de la financiación de tu startup

De un tiempo a esta parte se habla mucho de un instrumento financiero llamado préstamo participativo, que ha disparado su popularidad en el mundo emprendedor gracias especialmente a la eficaz labor de ENISA. A veces se dice de él que es cuasicapital pero, ¿a qué se refieren exactamente con esa palabreja? Vamos a intentar contar brevemente qué es exactamente un préstamo participativo, y por qué puede resultar tan interesante para una startup.

Como posiblemente ya sepas, hay básicamente dos formas de financiar una empresa: vía recursos propios, y vía recursos ajenos; o, dicho de otra manera, mediante capital y mediante deuda. Los instrumentos de financiación podrán ser infinitos, desde las pólizas de crédito hasta las vituperadas preferentes, pero siempre caen en uno de esos dos grupos que acabo de señalar. ¿Y cuáles son las principales diferencias entre uno y otro? Para el que busca financiación, las diferencias son, en líneas muy generales, que en el caso del capital (recursos propios) a cambio del dinero el emprendedor cede parte de la propiedad de su compañía, con todo lo que eso implica, mientras que en el caso de la deuda (recursos ajenos) esto no es así, pero a cambio en este segundo caso el emprendedor se liga a un calendario de devolución del dinero con muy poco margen de maniobra.

Y entones, ¿por qué al préstamos participativo se le llama cuasicapital? En realidad, un Préstamo Participativo es un instrumento financiero similar a un crédito, es decir, es deuda, pero tiene una serie de características diferenciales que lo hacen parecerse al capital, y por ello es ventajoso para los emprendedores. Dicho de otra forma, tiene alguna de las cosas buenas del capital, pero sin ceder nada de la propiedad de la compañía.
 ¿Cuáles son esas características?
En primer lugar, el préstamo lo es a largo plazo. Así, para empezar, esto puede ser ya una ayuda.
En determinados supuestos el préstamo computa como si fuera capital (en concreto, en los supuestos y causas de disolución de una compañía). ¿Y eso qué ventaja me aporta? Cuando una startup comienza a acumular pérdidas (lo habitual en sus primeros años) puede ocurrir que su balance se resienta tanto que los fondos propios lleguen a ser inferiores a la mitad del capital social, o incluso negativos. Cuando esto es así, la ley señala que la startup debe o bien recapitalizarse o bien disolverse. Esto implica ponerse a buscar urgentemente más dinero para capitalizar la compañía, lo cual, de conseguirse, diluye aún más la propiedad del emprendedor. Sin embargo, este préstamo tan especial se suma, en este caso particular, a los fondos propios de la compañía, lo mismo que si se hubiera invertido como capital (capital social más prima) de la compañía, lo cual como mínimo retrasa esa desagradable situación que acabamos de comentar.

El tipo de interés a pagar es variable en función de los resultados de la compañía, pudiendo ser incluso nulo hasta que la startup tenga flujo de caja positivo, lo que es muy cómodo para la compañía.

En caso de concurso de liquidación, y en relación a la prioridad de cobro, el préstamo participativo se cobra después del resto de acreedores de la compañía, y sólo por delante del capital… Dicho en plata, esto significa que el prestamista comparte prácticamente el riesgo con los emprendedores.

Hay más complejidad técnica, pero bastan estas pocas líneas para hacerse una idea de las ventajas que puede representar para una compañía. Como todo en esta vida, puede venir mejor en determinados momentos de la vida de la startup, y ser menos recomendable en otros. Pero por ahora lo que nos interesaba es conocer su existencia y saber sus principales características.


Fuente: Página web Uniremprende.

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